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La Basílica del Pilar es el gran símbolo de Zaragoza: un enorme templo barroco a orillas del Ebro, con once cúpulas de tejas de colores y cuatro torres, levantado en el lugar donde, según la tradición, la Virgen se apareció al apóstol Santiago sobre una columna, el Pilar. Dentro, la Santa Capilla guarda la imagen de la Virgen sobre su columna de jaspe, y las cúpulas están decoradas con frescos de Goya, como el de la Regina Martyrum, y de Francisco Bayeu. En el interior se conservan también dos bombas que cayeron sobre la basílica en 1936 sin llegar a explotar.
Una de sus torres tiene ascensor hasta un mirador con vistas de toda la ciudad y del río. Cada 12 de octubre, las Fiestas del Pilar llenan la plaza con la Ofrenda de Flores, en la que se forma un manto gigantesco para la Virgen. A pocos pasos están la Seo, la catedral de Zaragoza, con su museo de tapices, el Puente de Piedra y el barrio del Tubo para tapear.