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El Acueducto de Segovia es el monumento romano mejor conservado de España y uno de los grandes de todo el Imperio: un puente de agua de unos 800 metros de longitud y casi 30 metros de altura en su punto más alto, construido hacia finales del siglo I con bloques de granito colocados sin argamasa, sostenidos solo por su propio peso. Durante siglos llevó el agua de la sierra al centro de la ciudad. Su tramo más espectacular está en la plaza del Azoguejo, donde los arcos se doblan en dos alturas.
Para verlo desde arriba, sube por las escaleras que hay junto a él hasta el inicio del casco histórico. Segovia entera es Patrimonio de la Humanidad: desde el Acueducto, la calle Real lleva a la Plaza Mayor, la catedral gótica y el Alcázar. Para comer, el plato de la ciudad es el cochinillo asado, que en los asadores tradicionales se corta con el canto de un plato, y de postre, ponche segoviano.