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La francesinha es el plato más famoso de Oporto: un sándwich contundente de pan de molde relleno de varias carnes, como bistec, linguiça, salchicha y jamón, cubierto de queso fundido y bañado en una salsa caliente de tomate, cerveza y especias, a menudo con un huevo frito encima y patatas fritas alrededor. Se cuenta que lo inventó en los años cincuenta un emigrante que había vivido en Francia, inspirándose en el croque-monsieur, y que la salsa picante pretendía avivar a las francesas, de ahí su nombre.
Cada local guarda celosamente su receta de salsa, y los portuenses discuten con pasión cuál es la mejor. Se come en cafés y restaurantes de toda la ciudad, desde locales clásicos con décadas de historia hasta versiones modernas, con una cerveza fría. Es un plato muy completo: compártelo si no tienes mucha hambre. Después, nada mejor que un paseo por la Ribeira o cruzar el puente Dom Luís I hasta las bodegas de Gaia para tomar un oporto.