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Évora, en el corazón del Alentejo, es una de las ciudades más bonitas de Portugal y Patrimonio de la Humanidad: un casco histórico amurallado de calles blancas, con arcos, patios y plazas, que guarda dos mil años de historia. Su símbolo es el Templo Romano, del siglo I, con sus columnas corintias de granito todavía en pie en lo alto de la ciudad, uno de los mejor conservados de la península. Junto a él, la catedral, la Sé, con su claustro gótico y una terraza en el tejado con vistas de toda la llanura.
La visita más curiosa es la Capela dos Ossos, en la iglesia de San Francisco, con paredes cubiertas de huesos y calaveras humanas y una inscripción que recuerda que todos acabaremos igual. La Praça do Giraldo es el corazón de la ciudad, con sus terrazas. A las afueras, el Cromeleque dos Almendres es uno de los mayores conjuntos de menhires de Europa. Para comer, cocina alentejana: migas, carne de porco à alentejana y vinos de la región.