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Trastevere, al otro lado del Tíber, es el barrio con más carácter de Roma: calles empedradas, fachadas ocres cubiertas de hiedra, ropa tendida y una vida de barrio que sobrevive al turismo. Es también el mejor sitio para probar la cocina romana de siempre: cacio e pepe con pecorino y pimienta, carbonara con guanciale y yema, amatriciana, supplì fritos rellenos de arroz y mozzarella, y en temporada alcachofas a la romana. Huye de los locales con camareros captando clientes en la puerta y menús en diez idiomas; busca cartas cortas y comensales romanos.
Los romanos cenan tarde, así que llega después de las nueve o reserva. No te pierdas la basílica de Santa Maria in Trastevere, con sus mosaicos dorados, ni la plaza que tiene delante, punto de encuentro del barrio. Por la mañana, el mercado de Porta Portese los domingos o el de Piazza di San Cosimato entre semana. Sube después al Gianicolo para ver la puesta de sol sobre las cúpulas de Roma, a un paseo cuesta arriba.