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En Memorias de una geisha (2005), de Rob Marshall, la pequeña Chiyo corre entre los túneles de torii rojos de Fushimi Inari en una de las escenas más recordadas de la película. Es el principal de los santuarios dedicados a Inari, la divinidad sintoísta del arroz, la prosperidad y el comercio, y por eso cada torii lo dona una empresa o una familia, con su nombre grabado por detrás. Miles de ellos suben por la montaña Inari, entre santuarios menores, pequeños cementerios y estatuas de zorros, los mensajeros de la deidad, que a menudo llevan una llave en la boca.
La subida completa a la cima lleva unas dos o tres horas ida y vuelta, pero mucha gente se da la vuelta en el cruce de Yotsutsuji, con vistas a Kioto. En las calles de la entrada prueba el inari-zushi, arroz en bolsitas de tofu frito, y los pinchos de los puestos. Como es gratis y abre siempre, la mejor hora es al amanecer o de noche.