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La meseta de Valensole, en los Alpes de Alta Provenza, concentra la imagen más conocida de la Provenza: hileras de lavanda y lavandín que se pierden en el horizonte, a veces con un campo de girasoles o un almendro solitario en medio. La floración va más o menos de mediados de junio a mediados de julio, y la siega suele empezar poco después, así que si vienes a finales de julio puede que encuentres los campos ya cortados; conviene consultarlo antes de ir porque cada año cambia según el clima. Los campos son fincas privadas y de ellas viven familias de agricultores: haz las fotos desde los bordes, no pises las plantas y aparca sin bloquear los caminos.
Las mejores horas son el amanecer y el atardecer, con luz suave y menos gente. Muy cerca quedan Moustiers-Sainte-Marie, uno de los pueblos más bonitos de Francia, famoso por su loza, y las gargantas del Verdon, con su agua turquesa. Aprovecha para comprar miel de lavanda y aceite esencial directamente en las destilerías de la zona.