Entrada de pago
En El tercer hombre (1949), de Carol Reed, Harry Lime, con Orson Welles, se cita con su amigo Holly Martins en una cabina de esta noria y, al bajar, suelta su famoso monólogo: Italia tuvo guerras y Borgias y dio el Renacimiento, Suiza tuvo quinientos años de paz y dio el reloj de cuco. Décadas después, en Antes del amanecer (1995), de Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy se besan por primera vez en una de sus cabinas. La Wiener Riesenrad se construyó en 1897 y, tras arder en la Segunda Guerra Mundial, se reconstruyó con menos cabinas.
Mide algo más de sesenta metros y gira despacio, con vistas sobre Viena y el Danubio. Está a la entrada del Prater, un antiguo coto de caza imperial convertido en parque con atracciones y una enorme zona verde, la Hauptallee, para pasear o ir en bici. Prueba un schnitzel o salchichas con mostaza en algún local del parque. Si eres fan, el Museo del Tercer Hombre y la visita a las alcantarillas completan la ruta.